UN POCO DE HISTORIA NUMEROS DE LOS COMIENZOS DE VESPUCIO ALLA POR 1933
Inolvidable símbolo. Como nos representaba al Norte Argentino
En la década de 1920 se convirtió en el centro del debate nacional a propósito de la cuestión petrolera. Con el objeto de aportar en ese sentido, en este trabajo examino distintos elementos que signaron la conformación y el desarrollo poblacional de estas localidades durante la primera mitad del siglo XX.
Tartagal se conformó como resultado de la expansión de la frontera argentina y la expropiación de los pueblos originarios. La existencia de una importante riqueza forestal y petrolífera favoreció la rápida ocupación de la zona, que creció impulsada por la extracción de esos recursos, especialmente del segundo. Ese crecimiento económico posicionó al departamento de Orán, al que pertenecían originalmente Tartagal y Mosconi, como el principal productor de valor en la provincia. Un aspecto insoslayable de la base social que hizo posible esa expansión fue el trabajo forzado de los pueblos originarios y de migrantes sin recursos.
Esos elementos se combinaron con el despliegue de la petrolera norteamericana Standard Oil, cuyas relaciones con el Estado provincial y sus enfrentamientos con las autoridades de Yacimientos Petrolíferos Fiscales y el gobierno nacional marcaron el desarrollo de la zona hasta los años ´30. La región se configuró tempranamente como un enclave petrolero donde la escasa presencia del Estado provincial tendió a ser suplantada por la Standard y por YPF, que construyó su propio pueblo en torno al cual se terminó conformando un nuevo municipio: General Mosconi. En torno al enclave se fue conformando un núcleo moderno de la clase obrera que accedió a conquistas vedadas para el resto de los trabajadores. Así, desde sus inicios, las comunidades de Tartagal y Mosconi fueron explotadas por la Standard Oil, el Estado salteño y el Estado nacional, y su población, mayormente obrera, presentó una fuerte polarización, que perduró de distintas maneras a lo largo del siglo XX.
Comienzos de Tartagal. Características generales
La ciudad de Tartagal está situada a 360 kilómetros de la capital salteña, a 1.736 kilómetros de la Capital Federal y a 55 kilómetros de la frontera argentino-boliviana; Mosconi está a nueve kilómetros al sur de Tartagal; ambas se pueden localizar en el chaco salteño. Pero hacia 1880, cuando tronaban los últimos disparos del proceso de organización nacional1, el límite fronterizo entre los dos países no estaba definido y el territorio de los actuales municipios de Tartagal y Mosconi, era reivindicado como propio por ambos. Ese mismo año, el gobierno boliviano aprobó una ley reorganizando el departamento de Tarija, en la que Tartagal aparece como un subcantón de la provincia del Gran Chaco Por su parte, los mapas argentinos de la época ya ubicaban a la localidad de Tartagal dentro del departamento de Orán de la provincia de Salta, cerca del límite con Bolivia. Lo cierto es que para ese entonces la zona no estaba habitada por pobladores con títulos no escritos aunque más antiguos: distintas comunidades de origen wichí, guaykurú, chiriguano y chané ocupaban los alrededores- y casi todo el Chaco- desde antes de la llegada de los españoles, y hasta ese momento habían resistido exitosamente el avance de los conquistadores españoles y criollos. Los chiriguanos y chané, que prevalecían numéricamente, practicaban la agricultura como actividad económica principal; los wichís y los guaykurúes eran cazadores, recolectores y pescadores.
Mapa Nº 1. Localización del área de estudio
A partir de 1884, año en que el gobierno argentino inició la conquista definitiva del Chaco, los pueblos originarios comenzaron a perder el control, aunque resistieron hasta principios del siglo XX. Sin embargo, y en especial en el Chaco salteño, lindante con poblaciones criollas de larga data, la ofensiva iniciada en 1884 por el Ministro Victorica provocó efectos irreversibles en cuanto a la pérdida de independencia indígena: los principales grupos fueron vencidos y los caciques más importantes ejecutados. Entretanto, la Argentina agroexportadora crecía a ritmos acelerados y Bolivia se había debilitado política y económicamente tras la Guerra del Pacífico. En ese contexto, los sectores dirigentes bolivianos buscaban aliados para detener el avance chileno, y firmaron con el gobierno argentino- principal rival del país trasandino- el tratado de límites de 1889, en función del cual Tartagal y sus alrededores pasaban a formar parte de Salta.
Tartagal fue incorporado al departamento de Orán, que hacia 1914 registraba 10.403 habitantes- algo más de 7 por ciento de un total provincial de 140.927-, de los cuales 90 por ciento vivía en zonas rurales aisladas. Según el Censo Nacional de 1914, la mayor parte de ellos era de nacionalidad argentina (8.717) y boliviana (1.304)7, pero su origen era indudablemente indígena. Las condiciones naturales que ofrecía el departamento de Orán- rico en recursos petroleros y forestales-, la factibilidad de la explotación de la caña de azúcar- que contó con la protección de importantes barreras arancelarias para evitar la importación de ese producto-, sumado a la presencia de gran cantidad de aborígenes que habían sido despojados de sus tierras y por lo tanto eran susceptibles de ser utilizados como mano de obra, signaron el desarrollo económico del departamento.
De 1.181.119 hectáreas que conformaban el departamento, 895.241 correspondían a montes y bosques aptos para el desarrollo de la explotación forestal. El desarrollo de esta actividad, junto a la introducción de la ganadería extensiva, provocaron un profundo impacto ecológico, que destruyó las fuentes tradicionales de obtención de recursos de los pueblos indígenas. Por otra parte, fueron el petróleo, y en segundo lugar la producción azucarera, los que atrajeron las inversiones de capital más importantes. La presencia de oro negro en las inmediaciones de Tartagal había sido detectada a mediados del siglo XVII, aunque el interés por la extracción de este recurso surgió a fines del siglo XIX, y la producción se puso en marcha a mediados de los años ´20 de la mano de la estadounidense Jersey Standard Oil Company. Poco después, el desembarco de YPF a fines de esa década impulsó el surgimiento de la localidad de General Mosconi. Por su parte, la producción azucarera se localizó principalmente en el Ingenio San Martín de Tabacal- que llegó a ser el mayor establecimiento azucarero del país-, cerca de la localidad de Orán.
Hacia 1924, dos acontecimientos concretos aceleraron el crecimiento de Tartagal. Las obras de extensión del Ferrocarril Central Norte permitieron la llegada del tren de carga y pasajeros, que abarató el costo de los fletes de las mercaderías que llegaban desde la capital provincial y de los productos de la industria forestal y maderera en pleno crecimiento. A la llegada de las vías férreas le siguió, en septiembre, la elevación del rango de la localidad, con la creación por parte del ejecutivo provincial de la Municipalidad de Tartagal. Poco después, la empresa estadounidense Standard Oil, que había concentrado numerosas concesiones, comenzó a extraer petróleo. A partir de ese momento, se fue consolidando una economía de enclave en torno al petróleo, y la zona se convirtió en el escenario principal de la puja entre la Standard Oil e YPF a nivel nacional.
La cuestión del petróleo. Acción de la Standard Oil en Tartagal
En función del Código de Minería de 1886, los Estados provinciales detentaban la propiedad de los recursos mineros, teniendo el derecho de otorgar concesiones en su territorio; así, la oligarquía salteña otorgó numerosos permisos de exploración en el área de Tartagal desde principios del siglo XX. De carácter general, el Código no tenía en cuenta los plazos y los términos que regían la extracción de petróleo en particular, de ahí que su aplicación fue bastante laxa. Eso alentó la acumulación de permisos con fines especulativos, especialmente en una zona en la que habían sido detectados afloramientos de petróleo: a 15 kilómetros al sur de Tartagal, en la Quebrada de Galarza- dentro de ella se encuentra el pueblo de General Mosconi-, y en la quebrada de Iquira, al norte de Tartagal, cerca de la actual localidad de Aguaray. Al estar ubicada en un territorio nacional, la localidad de Comodoro Rivadavia permitió un despliegue de la exploración y explotación por parte del Estado central con menos dificultades que las que se presentaban en Salta, teniendo en cuenta la legislación vigente. Además, las características geográficas de la zona petrolera salteña, en muchos tramos boscosa y serrana, dificultó al principio las operaciones de extracción. Con todo, la Standard Oil Company se vio atraída por las potencialidades de la zona, y comenzó a concentrar permisos de cateo utilizando intermediarios que luego cedían a la compañía los derechos otorgados por el gobierno provincial.
El avance de los intereses privados estuvo sujeto a los vaivenes políticos provinciales y nacionales. En 1911, tras la asunción a la presidencia de Roque Sáenz Peña, proclive a priorizar la acción del Estado sobre los recursos petroleros, la provincia suspendió temporariamente las concesiones y creó una reserva de 460.000 hectáreas para que fuera explorada por el gobierno nacional. Pero poco después la oligarquía local se asoció con la Standard y en 1918 el gobernador Abraham Cornejo, de la Unión Provincial, levantó las restricciones y anuló la reserva. La intervención radical a la provincia que se produjo ese mismo año no alteró las nuevas condiciones y en ese contexto, con el apoyo del gobierno provincial, la empresa estadounidense aceleró la gestión de permisos a través de intermediarios. Hacia 1924, la extracción de petróleo no había comenzado, pero la Standard había acaparado 563 concesiones por más de un millón de hectáreas en la provincia.
Ahora bien: durante las presidencias radicales crecieron las tensiones entre la oligarquía provincial y el gobierno nacional, entre la Standard Oil y la recientemente creada Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) que, bajo la dirección de Enrique Mosconi, se orientaba a la creación de una empresa bajo control del Estado que abarcase la extracción, el refinamiento y la comercialización del petróleo argentino. Como telón de fondo de las discusiones argentinas, resonaban los ecos de la competencia mundial por el control de los recursos petroleros, que se exacerbó durante los primeros años de la década de 1920, cuando el gobierno de los Estados Unidos, preocupado el rol dominante de las empresas inglesas en la producción petrolera, buscó extender su influencia.
En 1922, el radical Adolfo Güemes resultó electo gobernador. A nivel nacional, el presidente Marcelo T. de Alvear apoyó decididamente a Mosconi, e instó al Congreso a aprobar el traspaso de los derechos petroleros a la órbita de la nación y la extensión de las actividades de YPF a las provincias. Mosconi alentó una investigación sobre las irregularidades cometidas en las concesiones salteñas, y denunció públicamente las maniobras de la Standard. En ese contexto, Güemes dispuso la suspensión en el otorgamiento de nuevas concesiones, la fiscalización de las realizadas y la creación de una reserva de nueve millones de hectáreas, donde sólo podría operar YPF. Sin embargo, el gobernador conservador Joaquín Corbalán, electo en 1925, dejó sin efecto las disposiciones de Güemes. Así, la Standard continuó sus exploraciones en Tartagal, y finalmente comenzó a extraer petróleo a escala industrial por primera vez en la provincia a partir de 1926. La empresa estableció sus oficinas en el novel municipio, y encaró la construcción de un campamento que reunió dependencias administrativas, dos pequeñas refinerías, viviendas del personal jerárquico, club social, canchas de tenis, sanatorio y más adelante una escuela de enfermería al sur del río Tartagal, donde se despliegan actualmente las instalaciones del Regimiento Nº 28 de la Gendarmería Nacional. Dos años después de empezar a producir, la Standard había invertido más de 15 millones de pesos, tenía siete pozos en funcionamiento y estaba acondicionando otros trece.
De ese modo, comenzó a configurarse tempranamente una economía de enclave, caracterizada por las importantes inyecciones de capital en el sector petrolero por parte de la empresa norteamericana y ausencia de otras inversiones significativas, a excepción del ferrocarril, utilizado entre otras cosas para el transporte del crudo. En un tercer lugar se ubicaba la industria maderera, que requería bajos volúmenes de capital fijo. Si bien un pequeño porcentaje del petróleo y de la madera producida era consumido a nivel local, la mayor parte subía al tren de carga y seguía su curso hacia el sur, para ser procesados y abastecer a los principales centros urbanos del país: el grueso del crudo salteño era transportado hacia la provincia de Buenos Aires, donde se ubicaba la refinería principal de la Standard, y mas adelante, la de la petrolera estatal, en La Plata. Como las regalías y demás gravámenes sobre las actividades económicas eran percibidas por el Estado provincial, la municipalidad recientemente creada prácticamente carecía de recursos propios. Esa situación, sumada a la influencia económica y los vínculos políticos de la Standard Oil con la oligarquía provincial, creó las condiciones para que la empresa comenzara a asumir funciones que excedían ampliamente su esfera de actividad.
El siguiente caso, que se convirtió en un escándalo de la época, permite ilustrar el poder que concentraba la compañía estadounidense, que operaba en algunos aspectos como un Estado dentro del Estado provincial. En mayo de 1926, tras el asesinato de dos miembros de su personal jerárquico, la petrolera ofreció públicamente una recompensa de 5.000 pesos por la captura o muerte de los asesinos. Ante esa situación, el gobernador de la Unión Provincial ordenó la captura de seis personas que, según fue denunciado, fueron torturadas; una fue muerta en la cárcel y después de más de dos años fueron liberadas las cinco que quedaban con vida, cuando se descubrieron a los verdaderos asesinos. La publicidad de este hecho agravó las tensiones entre el gobierno de Alvear, que impulsaba la jurisdicción nacional sobre los recursos mineros, y la oligarquía provincial, que levantaba las banderas del federalismo en defensa de la propiedad original de las provincias del subsuelo.
Por su parte, los yrigoyenistas comenzaron a plantear, desde 1926, la idea de establecer el monopolio del Estado nacional sobre los hidrocarburos. El proyecto, rechazado por los legisladores de las provincias petroleras, fue aprobado por mayoría en la Cámara de Diputados en septiembre de 1927. El nacionalismo petrolero se estaba convirtiendo en una ideología popular, y la situación en la zona de Tartagal se convertía en uno de los ejes de los debates políticos en todo el país. Aún así, YPF encontraba serias dificultades para operar. Como las principales áreas petroleas ya estaban adjudicadas, sus funcionarios negociaron con un particular- el español Francisco Tobar-, que obtuvo regalías garantizadas sobre la producción futura por transferir, en 1927, 30 concesiones en los alrededores de Tartagal que había adquirido en 1907, incluido el yacimiento "República Argentina" que había sido explotado de manera precaria hasta 1924, y fue la base del Campamento Vespucio- ubicado cerca del actual pueblo de Mosconi-, el primer centro de operaciones de YPF en la zona. Parte de esos terrenos se superponían con los permisos de la Standard, y el gobierno de la Unión Provincial decretó en 1928 la suspensión de las actividades de YPF, que sin embargo pudo reanudar pronto sus actividades, tras la elección, ese mismo año, del radical Julio Cornejo como gobernador.
En ese punto se pueden ver los matices y las disputas dentro de la oligarquía provincial. Un sector de la misma, vinculada al radicalismo, prioriza la lealtad partidaria, que le facilita el acceso y control de recursos por la participación en el gobierno nacional; los grupos conservadores, en cambio, levantan las banderas del federalismo para retener los recursos petroleros bajo el control de la provincia. La reserva provincial fue reestablecida, y se anularon las concesiones que no cumplían con las reglamentaciones vigentes. Así, la Standard frenó su expansión, e YPF avanzó rápidamente: en 1928 contrató 350 obreros e instaló sus primeros equipos perforadores; hacia 1930 la petrolera estatal tenía diez pozos en actividad y una pequeña refinería.
El golpe del ´30 limitó el crecimiento de YPF. Como es sabido, varias cuestiones influyeron para el derrocamiento de Yrigoyen, y los intereses de la Standard Oil no estuvieron ausentes en ese escenario. Distintos integrantes de primer nivel del gobierno de Félix Uriburu, miembro de una de las familias más importantes de la oligarquía salteña, estaban estrechamente vinculados a la empresa norteamericana: el ministro del Interior Matías Sánchez Sorondo, el ministro de Relaciones Exteriores Ernesto Bosch, el ministro de Obras Públicas Octavio S. Pico y el ministro de Agricultura Horacio Becar Varela fueron asesores legales de esa compañía. A su vez, Guillermo Padilla, hermano del ministro de Instrucción Pública Ernesto Padilla, era socio de una empresa distribuidora de la Standard. En Tartagal, donde tenía su principal centro de operaciones, la Standard Oil pudo reanudar sus actividades, prácticamente paralizadas desde 1928. En el resto del país, sin embargo, el gobierno de facto apoyó a YPF, lo que revela que el nacionalismo petrolero había ganado un importante consenso hacia esa época. Así, Uriburu autorizó a YPF a realizar exploraciones y perforaciones más allá de las áreas habilitadas hasta ese momento.
Durante la primera mitad de la década del ´30, la infraestructura de la Standard Oil creció de manera significativa, y ante la ausencia de acción estatal en el plano social, la petrolera asumió parte de esas funciones: en 1933 inauguró un Hospital abierto a la comunidad, que contaba con servicios de consultorio general, examen y
tratamiento ocular, auditivo y dental, laboratorio, radiografía, farmacia y quirófano. Los registros del Hospital, publicados en una oportunidad por el periódico local La Frontera, dan cuenta del alcance de esa función:
Cuadro Nº 1. Casos atendidos en el Hospital de la Standard Oil Company según pertenencia o no a la empresa. Marzo de 1933
|
|
Personal de la empresa |
Población en general |
|
Atención en consultorio externo |
124 |
244 |
|
Tratamiento en consultorio externo |
716 |
2123 |
|
Hospitalizaciones |
29 |
13 |
|
Operaciones mayores |
1 |
2 |
|
Operaciones menores |
17 |
24 |
|
Totales |
887 |
2406 |
Fuente: Periódico local La Frontera, Tartagal, 8 de abril de 1933.
Como se puede ver, los casos atendidos por los distintos servicios del Hospital correspondientes a personas ajenas a la empresa triplican a los casos referidos a sus propios trabajadores. Esto no debería sorprender si se tiene en cuenta que no existía en esa época ningún otro hospital, público o privado. En realidad, el conjunto de la infraestructura pública de la región era extremadamente limitada o inexistente. En ese contexto, y hasta 1947, cuando fue inaugurado el primer hospital público de la zona, la compañía norteamericana suplió parcialmente al Estado, creando incluso una escuela de enfermería, que junto al hospital cumplió un importante papel en una zona azotada por la malaria y la fiebre amarilla. YPF, por su parte, fijó definitivamente su centro de operaciones en Campamento Vespucio, núcleo inicial del futuro municipio de General Mosconi. Hacia 1933, la petrolera estatal ya había instalado una sala de primeros auxilios y una escuela. Ambas empresas precisaron y propiciaron el desarrollo de un sector moderno de la clase obrera, y las dos debieron garantizar su reproducción y abastecerlo con bienes y servicios, ya que el Estado provincial prácticamente no proveía de ellos a ningún sector de la población.
El despliegue de YPF. Desarrollo de Vespucio y Mosconi
El actual pueblo de General Mosconi se encuentra a nueve kilómetros al sur de Tartagal, sobre la ruta Nº 34, que conecta ambas localidades, y sobre las vías del ferrocarril, que las conectaba hasta su clausura en la década de 1990. Campamento Vespucio, enclavado en plena zona serrana a cinco kilómetros al oeste de Mosconi, se desarrolló durante la década del ´30 como centro poblacional de los trabajadores permanentes de YPF y sus familias, y forma parte del municipio de Mosconi.
A pesar de la fuerte presencia de la Standard Oil en la región, la petrolera estatal creció a un ritmo sostenido: de diez pozos que operaba en 1930, alcanzó los 61 pozos en producción efectiva hacia 1935 sin contar los suspendidos provisoriamente, en reserva o en estudio. YPF contó con el apoyo del presidente Agustín P. Justo, que si bien aceptó la presencia de la Standard en Salta, no estimuló su expansión: en 1934, dictó un decreto prohibiendo nuevas concesiones a empresas privadas en todo el país y declarando a todos los territorios nacionales reserva de YPF. En 1935, con la sanción por parte del Congreso Nacional de la Ley del Petróleo, el decreto fue ratificado, estableciendo el pago por parte de YPF y de las empresas privadas de 12 por ciento de regalías a las provincias o a la nación, en el caso de los territorios bajo esa jurisdicción. Una vez asegurados los negocios existentes con la Standard y el cobro de regalías, la oligarquía provincial suspendió su hostilidad previa con YPF, y no puso mayores trabas a su expansión.
Mientras tanto, la actividad de la Standard tendía a contraerse. Durante los primeros nueve meses de 1938 y 1939, la producción de YPF en Salta pasó de 30.863 a 56.510 metros cúbicos de crudo, aumentando 83,1 por ciento, mientras que la compañía estadounidense extrajo 36.220 y 29.367 metros cúbicos respectivamente, disminuyendo 17,7 por ciento su producción. Ese último año, YPF superaba al conjunto de empresas privadas por primera vez desde 1930, produciendo 54,6 por ciento del crudo del país.
Hacia 1938, YPF había construido en Campamento Vespucio, además de la casas y habitaciones donde vivían cerca de 2.000 personas, una escuela primaria y un hospital, un club social, un local con bar, un salón para reuniones familiares, una biblioteca, y canchas de fútbol, basket, tenis y bochas, entre las obras más importantes. Por ese entonces, el personal permanente estaba compuesto por 55 profesionales y técnicos, 51 empleados administrativos y 599 obreros. Abajo, cinco kilómetros hacia el Este, cerca de las vías del ferrocarril, crecía espontáneamente, al calor del enclave petrolero estatal, otra población: la de los trabajadores temporarios que no formaban parte del elenco estable de YPF, la de prestadores de servicios para la empresa y sus empleados, la del circuito comercial que abastecía al pueblo mismo y- al igual que en Tartagal- la de actividad maderera. De manera análoga a la acción de la Standard en Tartagal, YPF asumió, ante la débil presencia de la administración provincial, funciones estatales de carácter municipal y social: además de encargarse íntegramente de la urbanización de campamento Vespucio, la empresa asfaltó la ruta de acceso, y el hospital y la escuela fueron abiertos al asentamiento de "abajo", conocido al principio alternativamente como El 90- por su ubicación a la altura del kilómetros 1.690 de la línea ferroviaria- o Ciro Echesortu- por el nombre del principal terrateniente de la zona-.
El golpe de Estado de 1943 no produjo alteraciones en la evolución de la actividad petrolera, caracterizada por el crecimiento sostenido de YPF y el declive de las empresas privadas en la zona y en todo el país. En 1946, el mismo año de la asunción de Juan Domingo Perón como presidente, ese crecimiento derivó en la creación del municipio de General Mosconi- bautizado así en honor al primer director de YPF-, con sede en el pueblo establecido junto a la estación ferroviaria y jurisdicción formal sobre campamento Vespucio. En total, el nuevo municipio tenía 2.758 kilómetros cuadrados, aunque como se mencionó, las principales funciones municipales en Vespucio eran ejercidas directamente por YPF. Dos años después se creó en torno a Mosconi y Tartagal el departamento de General San Martín, achicando el vasto departamento de Orán. Tartagal ya era el principal poblado y centro de servicios por esas latitudes, y se convirtió en la cabecera departamental.
Los resultados de la política petrolera peronista fueron ambiguos. El artículo 40 de la Constitución nacional de 1949 declaraba la propiedad y jurisdicción nacional de todos los recursos mineros, pero las empresas privadas no fueron expropiadas. Dos años después, empujada por el agotamiento de los pozos que tenía en producción y el clima político incierto, la Standard se retiró de Salta, e YPF pasó a controlar todo el enclave petrolero. A nivel nacional, la flota de YPF creció de manera significativa a lo largo del período y se construyeron las destilerías más importantes, sin embargo la empresa se descapitalizó, y su producción no logró abastecer eficazmente a la industria en crecimiento. La empresa continuó su expansión en el Departamento General San Martín, aunque a ritmos más modestos que durante la segunda mitad de la década del ´30 y la primera del ´40; entre 1951 y 1952 se practicaron nuevas perforaciones con resultados positivos en Campo Durán y en Madrejones, al norte de Tartagal.
El protagonismo de la actividad petrolera, monopolizada desde principios de la década de 1950 por YPF, ligó a su desempeño la suerte de la población. La empresa estatal devino en fuente importante de demanda de trabajo, bienes y servicios. Los mismos trabajadores de YPF reprodujeron a una escala menor ese papel. La intervención económica de la empresa en Salta superaba ampliamente la capacidad departamental, lo que contribuyó a ubicarla en un sitial clave, fuente de acciones políticas y sociales independientes de las escasas iniciativas provinciales. En el marco de la retórica nacionalista del peronismo, YPF se consolidó como símbolo de soberanía y argentinidad, especialmente en la zona en cuestión, fronteriza y de reciente incorporación a la geografía del país. Así, más aún que la Standard Oil en la etapa previa, la empresa tendía a configurarse como un Estado dentro del Estado, y sus empleados eran, junto a los demás trabajadores estatales, los únicos ciudadanos-trabajadores desde el punto de vista social.
Importancia económica de la región en el escenario provincial. De Orán a General San Martín
El Censo Industrial Nacional de 1935 constituye una importante fuente para evaluar los resultados de los primeros años de actividad petrolera en el norte de Salta y medir el desempeño económico de Tartagal y Mosconi. Los datos indican que el departamento de Orán había logrado destacarse económicamente de la mano de la producción petrolera, azucarera y forestal, en ese orden. Por ese entonces, concentraba la mayor cantidad de trabajadores y los volúmenes de salarios y de producción de bienes más importantes de la provincia.
Cuadro Nº 2. Establecimientos industriales, personal empleado, sueldos y producción en Salta según Departamento y localidad. 1935
|
|
Establecimientos |
Trabajadores¹ |
Sueldos |
Producción |
||||
|
Lugar |
en nº |
en % |
en nº |
en % |
en m$n |
en % |
en m$n |
en % |
|
Departamento Capital |
107 |
43,3 |
1.196 |
25,3 |
1.056.778 |
13,0 |
4.593.774 |
13,0 |
|
Departamento Cafayate |
19 |
7,7 |
29 |
0,6 |
19.540 |
0,2 |
325.200 |
0,9 |
|
Departamento Campo Santo |
12 |
4,9 |
315 |
6,7 |
420.345 |
5,2 |
2.098.672 |
5,9 |
|
Departamento Rosario de la Frontera |
16 |
6,5 |
82 |
1,7 |
42.457 |
0,5 |
261.291 |
0,7 |
|
Departamento San Carlos |
12 |
4,9 |
28 |
0,6 |
22.069 |
0,3 |
92.121 |
0,3 |
|
Otros |
17 |
6,9 |
641 |
13,6 |
307.611 |
3,8 |
853.181 |
2,4 |
|
Departamento Orán |
64 |
25,9 |
2.433 |
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