Domingo, 26 de abril
LOCALES

Esta fecha sagrada del calendario escolar celebra cada año al maestro y a la maestra

Los maestros son uno de esos tesoros que iluminan nuestro sendero hacia el conocimiento y el crecimiento.

 

11 de septiembre: Día del Maestro. Esta fecha sagrada del calendario escolar celebra cada año al maestro y a la maestra, al educador que transita las aulas, pero también a otras personas, experiencias o autores que tejen vínculos profundos con otros y construyen lazos de acercamiento al saber. Ser maestro, coinciden los expertos, es un concepto amplio que trasciende las aulas y se expande al mundo.

"A lo largo de nuestra vida, nos encontramos con personas que dejan una huella imborrable en nuestro camino. Los maestros son uno de esos tesoros que iluminan nuestro sendero hacia el conocimiento y el crecimiento. Cada día, nos brindan la oportunidad de aprender, de descubrir, de explorar el mundo que nos rodea y, lo que es aún más valioso, de conocernos a nosotros mismos.

La labor de un maestro va mucho más allá de transmitir conocimientos. Son guías, mentores y, en muchos casos, hasta se convierten en amigos. Nos inspiran a alcanzar nuestras metas, a superar obstáculos y a creer en nuestro potencial. Su paciencia, dedicación y pasión por enseñar son invaluables.Hoy, quiero tomar un momento para expresar mi profunda gratitud a todos los maestros que han dejado una marca en mi vida. Cada lección, cada palabra de aliento, cada consejo ha sido un regalo que nunca olvidaré. Gracias por iluminar mi camino, por cultivar mi mente y por ayudarme a convertirme en la persona que soy hoy.

Recordemos siempre que, aunque el tiempo pase y las aulas queden atrás, la influencia de un buen maestro perdura para siempre. Así que, en este día, y en todos los días que sigan, sigamos agradeciendo a los maestros que han dejado una huella en nuestras vidas. Su dedicación y amor por la enseñanza merecen todo nuestro reconocimiento y gratitud. ¡Gracias, maestros, por ser faros de conocimiento y guías en nuestro viaje!"

“A veces no se designa una figura maestra, sino una situación, un escenario, lecturas, autores, libros, experiencias en los que se destacan gestos maestros. La potencialidad de las puestas en escena para configurar experiencias de formación”, se explaya Petit.

Virginia Bettini, psicopedagoga y artista visual sostiene que si un maestro no emociona, nada pasa. “Lo intelectual no va desligado de lo emotivo”, piensa. Un maestro, cree, deja una huella permanente, una inscripción. “A medida que pasa el tiempo uno va teniendo distintos maestros (...) Me parece que uno ha tenido maestros de la vida, por ejemplo, y ellos ni lo saben”, remarca.

No se trata de un maestro académico, explica. “Me parece que un verdadero maestro no tendría que tener la intención de ser maestro, porque tener la intención es creer que lo que yo tengo te va a interesar. Y puede que no sea así”, detalla.

PENSAR Y HACER

Alicia Carranza, licenciada en Pedagogía y en Psicopedagogía, cuenta que la escuela José Martí, de barrio Juniors, donde fue maestra de primer grado le dejó una gran marca.

La institución era pequeña y funcionaba en una casa de familia cuando Alicia comenzó. “Daba clases en el garaje y era tan pequeño, que cuando los chicos me querían mostrar el cuaderno tenían que subirse a la mesa porque no había cómo pasar”, dice.

¿MAESTRO O DOCENTE?

Lucía Garay, licenciada en Pedagogía y Psicopedagogía, cree que “ser docente es un trabajo y ser maestro es una función”. Antiguamente, explica, se llamaba maestro a todo el mundo. Mientras que el concepto de docente aparece a mediados del siglo XX, ligado a la idea de trabajo.

En esta línea argumental dice que ser maestro como función está unido a la idea de lo pedagógico, mientras que el ser docente no necesariamente lo está. “Alguien puede ser docente y no necesariamente ser un maestro y esto también tiene que ver con la masificación de la carrera, del trabajo docente, habida cuenta de que el trabajo docente es el sector más numerario en la Argentina y en el mundo entero”, remarca.

En el momento en que el trabajo docente se hace masivo y al definirse como trabajo –subraya– queda tocado por las lógicas sociales del empleo y la economía. “Produce un distanciamiento; esa escisión entre el ser maestro y ser docente, que en términos objetivos –u objetivables– está relacionado con que también las prácticas de enseñanza se hacen masivas, en instituciones de gran escala, instituciones muy grandes. Por lo tanto, ser maestro como función, no es tan sencillo de visualizar”, apunta.

Cuando Garay afirma que alguien puede ser docente y no maestro se refiere a que el ser maestro está muy ligado a la presencia del otro. “Ser maestro tiene que ver con la función de enseñante y la función pedagógica. Pero esa función pedagógica está en el reconocimiento de la existencia del otro”, plantea. Es decir que no cualquiera es un maestro. “Para ser un maestro de otro, el otro tiene que autorizarlo a uno a ser su enseñante”, sostiene.

En este sentido, subraya, el maestro puede estar en la escuela, en el barrio o en cualquier lugar, hasta en un viaje. En realidad, opina Lucía, el gran desafío de ser maestro, tiene que ver con la relación con el saber, con lograr que el otro se relacione con el saber. “Ser maestro es ser un mediador significativo entre el sujeto y el saber”, remarca Garay, para quien sus maestros han sido los autores.

“En realidad, para mí el gran desafío de ser maestro, tiene que ver con la relación con el saber, con lograr que el otro se relacione con el saber. Ser maestro es ser un mediador significativo entre el sujeto y el saber”.

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