En la argentina querer sobrevivir no es ta prohibido por ninguna ley o si ?
En Mosconi, Tartagal, Aguaray y Salvador Mazza, militar en politica ya no es solo hacer política. Para muchos vecinos desocupados, es una apuesta por trabajo, dignidad y pertenencia. La dirigencia tiene en sus manos la responsabilidad de que esa apuesta no termine, otra vez, en desilusión.
En el norte salteño , en Gral. Mosconi, Tartagal, Aguaray y Salvador Mazza hay una verdad incómoda que pocos dirigentes quieren decir en voz alta: la política hace rato se recuesta sobre la desocupación para sostener su estructura territorial.
En Mosconi, Tartagal, Aguaray y Salvador Mazza hay historias que se repiten en silencio. Gente que perdió su trabajo, que ya no encuentra changas, que vuelve cada noche preguntándose cómo va a sostener a su familia. Y cuando aparece una campaña política, aparece también una posibilidad. Muchos vecinos desocupados se suman a campañas políticas con la expectativa de obtener una oportunidad laboral o, al menos, pertenencia y contención social.
En una región donde conseguir un empleo estable es casi una quimera, la militancia dejó de ser convicción para transformarse, muchas veces, en la última puerta que queda por golpear. El vecino que no tiene ingresos, que ya perdió trabajos, oportunidades y autoestima, encuentra en la campaña una expectativa mínima: que alguien, alguna vez, le dé una chance.
Y la política lo sabe., la militancia como moneda de cambio.
No es casualidad que, en épocas electorales, los barrios se llenen de pecheras, banderas, camionetas y “equipos”. Tampoco es casualidad que gran parte de esas personas estén desocupadas. La ecuación es brutalmente simple:

tiempo y cuerpo a cambio de una promesa.
Un contrato municipal, una beca, una changa, una ayuda, algo, lo que sea.
No hablamos de privilegios estamos hablamos de supervivencia.
Pero las promesas abundan cuando se necesitan votos…y desaparecen cuando llega la hora de gobernar.
Contención o dependencia
La política ofrece pertenencia, sí. Ordena, contiene, escucha. Pero también genera una dependencia estructural: si la única puerta que queda abierta es la política, el ciudadano deja de ser libre para convertirse en rehén de expectativas.
Y cuando ese vecino descubre que el empleo nunca llega, que el teléfono ya no suena y que “los muchachos” ahora están ocupados gestionando cargos, aparece lo que todos conocemos:
- bronca
- descreimiento
- rotación constante de banderas
Porque si la política ya no es proyecto colectivo, sino economía de emergencia, la lealtad también se vuelve temporal.
Dirigentes que prometen más de lo que pueden cumplir
El problema no es solo social. Es ético, muchos candidatos a concejal venden una ilusión que saben, desde el primer día, que no podrán satisfacer. Hacen caminatas, reuniones, listas de “compromisos”. Pero el municipio no puede absorber a todos. Ni debe hacerlo.
Sin embargo, se insiste con el mismo juego: capitalizar la necesidad ajena para acumular poder propio.
Y después nos preguntamos por qué la ciudadanía desconfía.
¿Quién se hace cargo? La región no necesita más promesas de escritorio.
Nuestra region necesita empleo productivo real, transparencia en los cargos otorgados, reglas claras, dirigentes que digan la verdad, incluso cuando no conviene y sobre todo, respeto por la dignidad del vecino
La deuda pendiente , porque militar no debería ser sinónimo de mendigar trabajo.
Mientras la dirigencia se pelea por espacios y sellos, miles de vecinos siguen atados a campañas políticas como única red de contención. Y cada elección repite el mismo ciclo: esperanza — uso — frustración.
La pregunta es obvia y urgente: ¿hasta cuándo la política del norte salteño va a seguir sosteniéndose sobre la necesidad de los desocupados?
No se trata de demonizar la militancia, se trata de dejar de naturalizar la pobreza como base del sistema político local.
Porque cuando la política se alimenta de la desocupación, lo que está en riesgo no es solo una elección, lo que se erosiona es la dignidad social.
No solo se trata de ideología. Se trata de comer todos los días, sostener a la familia y recuperar un lugar en la comunidad.
“Me metí porque necesito laburar”
En los barrios, la frase se repite con matices pero con el mismo trasfondo.
“Yo me metí en la campaña porque necesito laburar. Si sale algo en la muni o alguna beca, bienvenido. Si no, por lo menos estoy en movimiento”, cuenta “Carlos”, vecino de Gral. Mosconi, 32 años, desocupado desde hace dos.
La expectativa más fuerte es concreta:
un contrato municipal, una beca, una recomendación o una changa estable.
La campaña se vuelve, así, una puerta posible cuando casi no quedan otras abiertas.
El salario emocional de “volver a ser parte”
Pero la necesidad no es solo económica.
En la voz de los vecinos aparece también algo más silencioso: la necesidad de pertenecer.
“Estar en la campaña me ordena el día. Me levanto, camino, hablo con gente. Antes estaba todo el día en mi casa pensando en cómo llegar a fin de mes”, reconoce “Mariana”, de Tartagal.
La militancia ofrece: grupo, rutina, reconocimiento, alguien que pregunta cómo estás.
Para muchos, eso también es parte del “salario”.
La expectativa de un Estado más cercano
Militar también abre puertas que para otros están cerradas o tardan en abrirse.
“Yo no pido que me regalen nada, pero por lo menos ahora cuando voy a gestionar un turno o una ayuda me atienden”, dice “Raúl”, de Aguaray.
Turnos más rápidos, asesoramiento, acompañamiento en trámites: no son privilegios de élite, sino señales de cercanía.
La promesa que no siempre se cumple
El conflicto aparece cuando el resultado electoral no se traduce en oportunidades reales. Y eso, en muchos casos, ocurre.
“Después de ganar, algunos ni te atienden el teléfono. Eso duele más que no conseguir trabajo”, expresa “Lucía”, de Salvador Mazza.
Las consecuencias se ven en la calle:
- desilusión
- enojo
- descreimiento
- militancia que rota de espacio en espacio
La política, entonces, contiene, pero también frustra.
Cuando la militancia reemplaza al empleo
En una región marcada por la falta de inversiones y empleo privado, la política termina ocupando un lugar que no le corresponde pero que hoy resulta inevitable: funciona como un sustituto precario del trabajo.
Los candidatos que marcan la diferencia son aquellos que:
- no prometen lo que no pueden cumplir
- sostienen el vínculo después de la campaña
- gestionan oportunidades reales
- fortalecen trabajos comunitarios y cooperativos
Porque detrás de cada afiche pegado, cada caminata y cada acto, hay algo más profundo que una elección: hay familias que esperan volver a tener futuro.
CRONOS HD







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