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El corte de la Ruta Nacional 34 en Coronel Cornejo volvió a exponer una realidad que se repite desde hace años: vecinos cansados, promesas incumplidas y un Estado que aparece tarde, cuando la crisis ya explotó. Pero esta vez, el conflicto dejó al descubierto algo aún más profundo: una comunidad dividida, una respuesta oficial limitada a la emergencia y un problema ambiental estructural que sigue sin responsables ni sanciones.

Es justo decirlo: la intendenta se hizo presente junto al equipo de Acción Social. Hubo asistencia, diálogo y presencia institucional. Eso ocurrió y debe señalarse. Pero también es inevitable marcar el límite de esa respuesta. Porque el problema que detonó el conflicto no nació ayer, ni con esta gestión, ni con la última lluvia. “Esto está desde que nacimos algunos”, repiten vecinos que ya no creen en operativos de urgencia ni en soluciones de ocasión.

El corte logró visibilizar, una vez más, el hartazgo acumulado y dejó en evidencia que, en muchos casos, los reclamos solo obtienen atención cuando se interrumpe una ruta, exponiendo la debilidad de la respuesta estatal ante emergencias previsibles. Cornejo sigue siendo un territorio postergado, y esa sensación atraviesa a gran parte de la comunidad.

Sin embargo, también quedó claro que cada vez más vecinos rechazan los cortes de ruta como método de protesta. Consideran que estas medidas terminan perjudicando a los propios cornejeños, afectando el trabajo, la circulación y la vida cotidiana de una localidad pequeña, donde todos se conocen. El malestar no es solo hacia el Estado, sino también hacia la forma en que se expresan algunos reclamos.

Muchos vecinos advierten además que el conflicto podría estar siendo utilizado como herramienta de presión política, en medio de internas y desplazamientos recientes en el Concejo Deliberante de Mosconi. “No quiero pensar que esto sea una movida política, pero acá somos pocos y nos conocemos”, expresó una vecina que pidió preservar su identidad.

A esto se suma un dato inquietante: la creciente sospecha de que intereses políticos se mezclan con demandas sociales legítimas. Vecinos denunciaron promesas que nunca se cumplieron, como una obra anunciada para ejecutarse en 90 días y que hoy permanece abandonada. “Nunca vinieron a donde realmente está el problema”, aseguran quienes conviven a diario con las consecuencias.

La situación se vuelve aún más grave cuando se pone el foco en la falta de servicios esenciales. En Coronel Cornejo no hay ambulancia, hay un solo enfermero, mientras los recursos humanos se concentran en Mosconi. En ese contexto, murió un chico, un hecho que la comunidad se niega a naturalizar. Para agravar el cuadro, según denunciaron vecinos, el delegado local se encontraba de vacaciones en medio de la emergencia.

Pero el núcleo del conflicto va más allá de lo social y lo institucional. Es un problema ambiental profundo, histórico y sistemáticamente ignorado. Durante años se asistió a las consecuencias, pero nunca se atacaron las causas. Se ayuda después de la inundación, pero no se previene. Se escucha cuando hay corte, pero no se actúa cuando el daño se produce todos los días ante la vista de todos.

La pregunta que hoy resuena con fuerza en Cornejo es incómoda, pero inevitable:
 ¿Alguna vez se va a tomar una medida concreta contra quienes generan este tremendo problema ambiental?

El Estado aparece cuando la crisis estalla, pero desaparece cuando hay que tomar decisiones que incomodan, controlar, sancionar o poner límites. La asistencia social calma el momento, pero no resuelve un problema que atraviesa generaciones.

Coronel Cornejo no necesita más parches ni respuestas reactivas, necesita presencia permanente, planificación, controles reales y decisiones políticas de fondo, aunque molesten y tengan costo.

El corte de ruta terminó. El abandono y la deuda ambiental, lamentablemente, continúan.

Autor: admin